domingo, 8 de marzo de 2009

Frío y caliente

Soy poco amigo de los días mundiales y las conmemoraciones pasajeras. El día de la mujer trabajadora, que se celebra hoy domingo, concita entrevistas con las mujeres del gobierno en los periódicos. Esto de pensar en las cuestiones cruciales de la sociedad un día al año, al menos oficialmente, no es un buen ejercicio de gimnasia mental. Y coincide curiosamente (o no) con la redacción de la nueva ley del aborto. Según la ínclita ministra de igualdad, el problema era que la ley no se hubiera aprobado antes. Puede ser, siempre nos ha costado mucho ponernos a la faena a la hora de llevar a las leyes los asuntos espinosos. No se puede legislar en caliente, y tampoco en frío, apuntan los más despiertos. Sólo pediría una cosa, aquello que parece patrimonio de la transición, el consenso de los políticos, más allá de su gusto por su talismán perpetuo, el chivo expiatorio.

Hablando de la temperatura de las leyes, el calor empieza a visitarnos. Es una buena señal. No sé si servirá para calentar las cabezas desentrenadas, pero al menos nos hace sudar, un síntoma de que vivimos.

sábado, 7 de marzo de 2009

El cantante

La vetusta atmósfera del auditorio y su ambiente refinado y selecto podrían inquietar a cualquiera. Él trató en todo momento de no desesperar, de mantener la compostura y ofrecer ante la concurrencia una imagen dura y difícilmente perturbable. Sin embargo, la sensación de indiferencia que transmitían los inquilinos de las localidades más cercanas al escenario comenzaba a desconcertar al inexperto intérprete.

Vocalizaba con delicadeza y acierto, gustándose en cada una de las notas, saboreando como podía su particular momento de gloria. Las manos le temblaban y se humedecían al ritmo del sudor nervioso. Cuando el compás de la música le otorgaba unos instantes de silencio, atravesaba con una mirada, de esquina a esquina, los rostros de quienes atendían a su canto, impertérritos. Algunas de esas caras le eran familiares, otras resultaban raramente expresivas, sobre todo las de los desconocidos.

El cantante proseguía su esfuerzo vocal vibrando, recreándose en cada palabra, limitado únicamente por su voz, que, inesperadamente, al momento comenzó a tornarse en quebradiza e irregular.

Cuando entonaba la última pieza de su reducido repertorio, cuando el final de su actuación se acercaba peligrosamente, una lágrima recorrió en un segundo su rosada mejilla derecha. Continuó cantando, con un nudo en la garganta, como intentando disimular que aquellos ojos, los de la primera fila, habían podido con él.

Entre el público, una voz desagradable y solemne cortó de cuajo el cantar de aquel joven, sin permitir siquiera la conclusión de aquel emocionado atrevimiento.

- Lo siento, chico. No eres lo que estamos buscando. Que pase el siguiente.

viernes, 6 de marzo de 2009

El tiempo y la galaxia

Recuerdo que hace un par de años el vicepresidente de la Xunta de Galicia, Anxo Quintana, propuso que su región disfrutara de un huso horario diferente al del resto de la península. Sospeché entonces que se trataba de una extravagancia nacionalista, como así fue, pero encerraba un asunto interesante, la medida del tiempo y su influencia en nuestra vida. Desde siempre, los cambios horarios con los que ahorramos energía han perturbado nuestras rutinas. Nos hacen despertar de noche o dormir menos, o sentir el cosquilleo del hambre en el estómago antes de tiempo. Las agujas del reloj pueden atenazar o liberar.

Quizá sea más importante medir los tiempos de las cosas que su mero aprovechamiento. Siempre hay un momento oportuno para entrar en acción. Y parece, ya que hablábamos de nacionalistas pintorescos, que este es el momento justo de que la historia cambie, aunque quienes detentan el poder se sientan ultrajados por una traición del españolismo. Efectivamente, como dijo Patxi López, y afortunadamente, el PNV no es ninguna religión ni tiene el monopolio del gobierno de los vascos. Así que, antes de que cambien la hora, el tiempo dira que un lehendakari no nacionalista se va a sentar en la silla de Ibarretxe. Su campaña para reírse de sí mismo y mimetizarse con Mr. Spock, además de ridícula, nos dejó algunas perlas: "hay un intento serio de otras galaxias de controlar la galaxia vasca". Pues se han salido con la suya. Y afortunadamente para él, no tendrá que abandonar la Vía Láctea. Bastará con que deje su despacho libre y se suba a otra nave. Tiempo al tiempo.

jueves, 5 de marzo de 2009

El chándal

En Cuba se han deshecho de los dos ministros de más peso (léase metafóricamente) del régimen por denostar con demasiadas ganas el capitalismo yanki y trabajar a su aire. Digamos que, sucintamente, ese ser indeterminado e indeterminante, Raúl/Fidel Castro, ha decidido que ya es hora de coger el timón y abrir la mano un poco, de cara a la galería, pero sin terminar soltando la moneda. El asunto ha llegado hasta el punto de que los despedidos han abandonado la disciplina del Partido Comunista de Cuba, quizá marcados de por vida por la cruz que los hermanos les han puesto. El problema, supongo, es que su protagonismo empezaba a ser molesto para el verdadero líder. Con las apariciones del preboste enfermo de Sierra Maestra era suficiente para transmitir la sensación de que nada ha cambiado en lo sustancial, que todo seguía como antes, aunque ahora la revolución se hace con un chándal Adidas.

La disidencia, exiliada o local, ve con escepticismo estos movimientos extraños en el gobierno cubano. Miami y La Habana siguen a la misma distancia pese al baile de nombres y los eternos gestos vacíos del régimen. Sarkozy será el siguiente líder en hacer una visita a Raúl Castro y su nuevo ministro de Exteriores, que tendrá las mismas funciones que el anterior, pero más vigiladas. Entre despidos, expulsiones, berrinches y artículos en Granma, la isla continúa aislada, y su eco se disipa entre los pelos de una barba que ha perdido la fuerza. Consecuencias de la involución, que no es lo mismo que revolución.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Días de radio

Woody Allen firmó hace ya unos años, antes de perpetrar algunos deslices exageradamente criticados, una película llamada Días de radio. Se trata de una historia de las ondas contada a través de un niño, que evoca su mayor afición, pegarse al transistor y disfrutar de un mundo contado y cantado. El adjetivo que mejor la describe es entrañable, aunque en su lugar seguramente convendría colocar deliciosa, que parece ser el término monopolizador del snobismo cultural en este país. Allen recrea con cariño los ambientes de los años '50 y el apogeo de los seriales, la música en directo y los locutores de voz profunda.

La radio, más allá de la emotiva imagen del cine, ha cambiado bastante. Abundan las tertulias, ahora traspasadas a la televisión, que han convertido el debate en trinchera y que pisan en otros momentos asuntos tan triviales como intrascendentes. La música se reduce a las emisoras especializadas. Copian formatos de éxito, los empaquetan y los transmiten a través de las ondas. No sé si a causa de la crisis, los locutores son sustituidos por la manida fórmula de la música sin pausa. Quizá los contenidos más demandados por los oyentes sean los informativos, y especialmente la información deportiva. Se ha perdido el encanto de una radio que ni yo mismo conocí, pero que Woody Allen logró mostrarme. Cuando terminé de ver la película me zambullí de nuevo en la realidad y en la (deliciosa) música de los 40 Principales y sus no-locutores.

martes, 3 de marzo de 2009

Obama

La leyenda de Obama continúa, y parece que está aprovechando su tiempo. Además, el otro día le veíamos en el Verizon Center de Washington presenciando el partido de NBA entre los Wizards y los Chicago Bulls, que necesitarán su apoyo y carisma si quieren clasificarse para los playoffs. Parece que algo está cambiando en Estados Unidos. Según cuentan, Obama ha desarrollado más medidas en un mes que Bush en dos años. Son medidas para hacer frente a la crisis, algunas de ellas repletas de sentido, como la de limitar los sueldos de los altos ejecutivos en las empresas, especialmente si sus desastrosas gestiones llevan a las compañías a la quiebra. Guántanamo se cierra y sus presos (algunos de ellos sin cargos) deberán repartirse por otras cárceles legales del mundo. En España nos hemos apuntado a la lista.

El sistema de sanidad de los Estados Unidos será mejorado, según ha prometido el presidente. Los fondos siempre estuvieron ahí, pero la presión de las grandes aseguradoras no ha permitido desarrollar una seguridad social tal y como la conocemos. Resulta inmoral y obsceno que quien necesita un transplante o un tratamiento de vida o muerte tenga que hipotecar sus bienes.

Cualquiera es capaz de distinguir las formas de unos y otros. Será interesante, lo más interesante, comprobar el pulso de Obama ante temas eternos de debate, como las torturas, las maneras de la CIA, las ventas de armamento, la hipocresía del cambio climático o el antiguo eje del mal. Él tiene la palabra, pero habrá que darle tiempo.

lunes, 2 de marzo de 2009

Victoria

Es sabido que en las elecciones todo el mundo gana. Gana la democracia, gana la sociedad, y ganan los partidos. En este caso, especialmente en el País Vasco, todos tienen algo de razón. El PNV ha ganado las elecciones, el PSE ha subido seis escaños, el PP ha aguantado el temporal y UPyD será la clave para un posible gobierno alternativo a los nacionalistas. No está mal que todo ocurra de una sola vez.

¿Respetamos las mayorías o fomentamos las coaliciones de gobierno? Hemos presenciado la formación de los gobiernos más rocambolescos con tal de sacar a un partido del poder. En el caso del País Vasco, parece probable que así sea. Los partidos nacionales se apoyan entre sí para terminar con 30 años de galaxia nacionalista y anhelos de independencia e introducir un cambio profundo en los oxidados engranajes del gobierno y la policía vasca. No será necesario un gobierno conjunto, sólo que se apoye la investidura de Patxi López. Quizá el cambio de criterio del PP de apoyar coaliciones en Euskadi y defender las mayorías en el resto de regiones sea solo un pecado venial.
Es bastante más recomendable el remedio que la enfermedad.