Esta mañana he visto cómo un honorable señor metía la mano en la basura para coger algo. Me ha sobrecogido su prudencia. Después de asegurarse que nadie le miraba, no ha debido verme, y ha introducido con delicadeza la mano en la papelera. Yo suspiraba por ver qué objeto ansiaba entre tanta porquería. Y la respuesta ha llegado. Un periódico. Gratuito, para más señas. Alguien, después de leerlo, lo ha depositado cívicamente en la papelera que acompaña a una hermosa farola. Allí estaba yo, esperando al semáforo con un frío considerable, con el miedo de asistir a un síntoma perverso de la crisis mundial que nos asola. Pero no, ese hombre buscaba un periódico, que resulta incomestible aparentemente. ¿Un periódico como objeto de supervivencia? Ahora que la información nos busca con mira telescópica, persiguiéndonos por el teléfono móvil y el ordenador, el papel no es indispensable para permanecer en este mundo. Realmente, pocas cosas son realmente indispensables. Y menos la fugacidad de un periódico, cuya actualidad caduca hoy a cada segundo de megabytes. El semáforo se ha puesto en verde, y he cruzado, y seguramente esas páginas han vuelto a la misma papelera, junto a la farola, esperando el hambre de otro viandante desinformado.
jueves, 15 de enero de 2009
miércoles, 14 de enero de 2009
La ley
El tema está entre la justicia mundana, la de las emociones, y la de las leyes, que suele ser más recomendable para casos de flagrantes injusticias. Y los jueces, que no están en condiciones de impartirla con celeridad con los medios de que disponen, se rebelan contra la autoridad. !Pero si la autoridad es el juez! Sí, eso creía yo. En este país gusta mucho el arte de generalizar, y hemos mezclado los retrasos con las prevaricaciones y las sentencias pintorescas. Las leyes se crean, se modifican, caducan. Y tenemos medios para ponerlas en práctica. Existe un Ministerio de justicia que tengo entendido se dedica a la organización de estos asuntos en España. Por sus despachos han pasado ministros, unos buenos, otros peores, y otros nefastos, para calificarles con cariño. Pidámosles responsabilidades para que desde sus cargos den la vuelta a esta situación insostenible. Y a los jueces, que ya tienen suficiente con lo suyo, que ejerzan su poder con honradez y profesionalidad. Llegar a una huelga es justo... lo que no necesitamos. Preferimos soluciones.
martes, 13 de enero de 2009
El acento
Estos días el trajín de la polémica (¿política?) baila entre el caos del aeropuerto y el acento de la señora ministra. Mientras, en la nieve madrileña se diluyen los equipajes y las huelgas de celo. Los políticos, tan dados a difundir cifras y cifras, planes ambiciosos y salvadores, eluden ahora a los desamparados sin-maleta ocultando todo detrás de la fehaciente ineptitud de una compañía privada. Sin embargo, el Real Madrid vuela plácidamente a Palma de Mallorca. El resto de pasajeros esperan sin esperanza que su avión aparezca en esas espléndidas pantallitas con letras amarillas. Allí siguen.
En cuanto a los acentos, parece que la valía de una ministra no debe medirse por su forma de expresarse, sino por su fondo, que por cierto está muy abajo. Finalmente, a la dirigente popular, la estilosa Nebrera, se le ha ido la mano. Ha convertido con mucho interés un comentario desafortunado en un debate nacional. Se dice que los políticos, los de verdad, se encargan de hacer del cinismo su virtud más lucida. Ella ha ido más lejos, se creía lo que estaba diciendo.
En cuanto a los acentos, parece que la valía de una ministra no debe medirse por su forma de expresarse, sino por su fondo, que por cierto está muy abajo. Finalmente, a la dirigente popular, la estilosa Nebrera, se le ha ido la mano. Ha convertido con mucho interés un comentario desafortunado en un debate nacional. Se dice que los políticos, los de verdad, se encargan de hacer del cinismo su virtud más lucida. Ella ha ido más lejos, se creía lo que estaba diciendo.
lunes, 12 de enero de 2009
Garbanzos
El título de la exposición itinerante del arte religioso castellano-leonés, Las edades del hombre, siempre me recuerda la lenta pero segura evolución del ser humano, que camina erguido después de millones de años. Una evolución física admirable, fruto de la selección natural que investigaba Darwin, que no discurre pareja al fomento de nuestras capacidades mentales. Al menos eso parece. Matanzas y guerras por doquier, crisis creadas por despachos fastuosos, diatribas absurdas sobre banderas, alianzas de civilizaciones y cadáveres sepultados. García Márquez, el de la prosa asfixiante y luminosa, hablaba de la poesía como solución a los problemas, “la energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos”. Quizá esos garbanzos no sirvan para alegrar los estómagos de los hambrientos, pero sí para transportarnos de este mundo a otro muy distinto en el que somos libres para imaginar. El arte nos saca de los atolladeros profundos, en forma de novela catártica, de música celestial, de cine esperanzador. Purifica las mentes, evoca lo inalcanzable. A veces prefiero refugiarme en esos mundos. Prefiero la esperanza a la nostalgia, aunque hoy haya pocos motivos para esperar nada.
viernes, 9 de enero de 2009
Nieve
En Madrid nieva con ganas, pero en Granada la cosa no acaba de cuajar. La nieve es un acontecimiento anual que nos hace volver a la infancia, podemos pasar horas mirando por la ventana cómo las copas de los árboles se resfrían sin poder abrigarse. Las nubes son claras, tanto que a veces deslumbran a la vista. La sal, ese condimento necesario y peligroso, es el enemigo de las calles blancas, donde resbalamos para carcajadas de los transeúntes. La nieve deja su legado, aunque solo a veces. Casi siempre flirtea con los niños, que la esperan con nerviosismo, pero se pierde en el aire, no se posa en los parques. Ahora hablan de imprevisión meteorológica en las ciudades. La nieve es la imprevisión. ¿Quién augura el colapso de las carreteras mientras contempla la belleza de la postal? La escarcha de la mañana nos hace caer, pero despierta instintos de supervivencia para no repetir. El invierno acampa entre nosotros. Seguimos sorprendiéndonos de las cosas que sabemos que pueden ocurrir.
jueves, 8 de enero de 2009
Yugos
Las unanimidades, como la objetividad, no existen. Por suerte. Recordamos aquellos congresos políticos a la búlgara, votando con el filo de la navaja en el cuello, con sus favores, las desconfianzas, las obligaciones. Qué tristeza provoca imaginar un mundo subyugado por el totalitarismo de antaño, el de la muerte por la discrepancia. El problema es que perdura, aunque se camufle bajo vagas ideas de aperturismo. Después de los Juegos Olímpicos de Pekín llegó el vacío, aquellos ojos de medio mundo que recelaban del comunismo capitalista de China miran ya para otro lado. Cuba cumple 50 años de revolución barbuda. Aparte de ser muy aplaudida y mitificada por el pop art, poco progreso ha traído a la isla. Nosotros, en cambio, frecuentamos internet libremente, podemos expresarnos contra el poder establecido, salir del país sin problema alguno, y conocer que en países lejanos no se puede levantar la voz. Bendita sea la discrepancia y la cultura, que no conocerán en esos paraísos hasta que cesen las iluminaciones de comandantes e inquisidores. Ya les vale.
miércoles, 7 de enero de 2009
Tradiciones
La Navidad ha terminado. Algunos resoplarán mientras continúa la indigestión perenne y obligada de los últimos días. Pero sin duda lo mejor son las tradiciones. Parece que solo existen las tradiciones en Navidad. Una de las más populares, además del roscón de reyes y la ropa interior roja, es la visita de los futbolistas a los hospitales infantiles para entregar regalos a los niños enfermos. Es un detalle estimable, y sobre todo muy tradicional. También lo son los telemaratones que recaudan fondos para causas benéficas. La solidaridad televisiva se concentra en dos semanas al año, pero yo creía que los niños no solo enfermaban en Navidad. La televisión cultiva la solidaridad de bolsillo, de la compasión instantánea, de la imagen tierna. 12 meses, una causa: fidelizar al respetable ablandando su conciencia. Pan para hoy, hambre para mañana. Bueno, para el año que viene. De la guerra navideña de Gaza, donde los niños mueren cada minuto, esperamos noticias.
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